Helena y Sophía eran hermanas, pero no cualquier tipo de hermanas. No, ellas
eran las reinas de las travesuras, las campeonas de las ideas más descabelladas
y las científicas oficiales del desastre.
Vivían
en una casa llena de cachivaches, tuercas, cables sueltos y extraños
dispositivos que su papá, un inventor de tiempo completo, creaba en su
laboratorio del sótano.
Un día, mientras papá y mamá estaban fuera comprando más repuestos y algo de
comida, Helena bajo al laboratorio dónde junto con Sophía pasaban el rato
haciendo lo que más le gustaba, explorar o más bien cucurutear entre libro y
cachivaches, de repente en una esquina vio
algo distinto, algo que no había visto la última vez que bajo; una enorme
sabana cubría algo que no sabía que era.
SOPHIIIAAAAAAA —¡Mira esto! —gritó emocionada, antes de tirar de la tela.
Y como por arte de magia Sophía apareció a su lado, - me llamaste- .
Cuando
Helena giro para decirle, vio como sus ojos se abrían como dos grandes platos,
como si se fueran a salir. – WOW! – Helena esto cuando apareció?.
No
sé pero la última vez q baje no estaba. – Sera que papá lo construyo ayer. Dijo
Helena.
Seguramente
dijo Sophía – Anoche se quedo hasta tarde trabajado y se escucharon ruidos de
martillo, lo recuerdas.
Bueno
y que esperamos veamos que es. Dijo Helena.
Eso
es lo que exactamente me estoy preguntando dijo Sophía.
Cuando
vieron un letrero gigante que decía:
PARA
HELENA Y SOPHIA. "NO TOCAR. NO ESTÁ TERMINADO. NO EN SERIO, NO LO TOQUEN "
– mas que una nota era una advertencia.
Las hermanas se miraron con esa mirada de complicidad que solo ellas pueden
entender. —Esto es básicamente una invitación a tocarlo —dijo Helena con una
sonrisa picara.
—Absolutamente —asintió Sophía respondiendo a la sonrisa de Helena.
Así que ambas tomaron la sabana por puntas diferentes y tiraron de ella.
cuando por fin descubrieron y vieron lo que había debajo, sus ojos parecían que
iban a saltar de las cuencas, la sonrisa que se dibujo en su cara fue tan
grande que iba de oreja a oreja. Al unisonó solo se escuchó un ¡WOWWWWWW!
Bajo la sábana apareció un robot brillante con brazos articulados, ojos que
parecían cámaras y una antena en la cabeza. En su pecho tenía un botón rojo
gigante con un letrero que decía: Prende aquí.
Pero
con otra nota abajo que decía “HELENA, SOPHIA, no lo vayan aprender”.
Y, sin más preámbulos, las hermanas juntaron sus manos y con un movimiento
rápido presionaron el botón rojo.
¡BIP BIP BIP!
El robot se sacudió, luces de colores parpadearon por todo su cuerpo y su
antena comenzó a girar como un helicóptero, detrás salió un vapor frío. De
repente, una voz metálica retumbó por el taller:
—¡MODO AYUDA ACTIVADO! INSTRUCCIONES REQUERIDAS.
Helena y Sophía se quedaron boquiabiertas, mientras sus ojo volvian a brillar
de la emoción.
—¡Hola, robot! —dijo Helena—. ¿Cómo te llamas?
—YO SOY… PROTOTIPO EXPERIMENTAL DE ASISTENTE DOMÉSTICO… NOMBRE NO ASIGNADO…
PROCESANDO… NOMBRE DETECTADO EN REGISTROS: “EL GRAN CHUNCHULÍN”.
—¡JAJAJAJAJA! —gritó Sophía—. ¡Papá le puso Chunchulín!
—Un nombre elegante para un robot elegante —dijo Helena, poniéndose seria—.
Chunchulín, ¿qué puedes hacer?
El robot analizó la pregunta y, tras un segundo de silencio, respondió:
—PUEDO REALIZAR TAREAS DOMÉSTICAS, COCINAR, ORGANIZAR, AYUDAR EN EL ESTUDIO Y…
PROCESANDO… ERROR EN EL SISTEMA… ERROR EN EL SISTEMA.- Sophía con algo de
conocimiento en mecánica le dio una fuerte palmada en el brazo. - a lo que el robot continuo- HABILIDADES
ADICIONALES DESBLOQUEADAS: BAILE DE ROBOT, RAP IMPROVISADO Y LANZAMIENTO DE
TORTILLAS.
Las hermanas intercambiaron miradas emocionadas.
—¡Chunchulín, haz un rap! —ordenó Sophía.
El robot hizo una pausa, sus luces parpadearon y, de repente, comenzó a moverse
rítmicamente.
—YO SOY CHUNCHULÍN, EL ROBOT MÁS GENIAL,
EN LA CASA DE PAPÁ, NO HAY NADIE IGUAL.
LIMPIO, COCINO Y HAGO MAGIA EN EL HOGAR,
PERO OPRIMIERON MI BOTÓN… ¡AHORA NO PUEDO PARAR!
Helena y Sophía saltaron de la emoción.
—¡Esto es lo mejor que hemos encontrado en toda la semana! —gritó Helena.
Pero
entonces Helena tuvo otra idea.
—¡Chunchulín!
¿Puedes ayudarnos con la tarea?
El
robot se quedó en silencio un segundo.
—ANALIZANDO…
ACTIVANDO MODO ESTUDIO EXTREMO.
De
repente, unas pequeñas pantallas se desplegaron desde sus brazos, y un
proyector iluminó toda la pared.
—TEMA
DETECTADO: MATEMÁTICAS.
Sin
previo aviso, empezó a lanzar ecuaciones por toda la habitación, como si fueran
fuegos artificiales.
—¡7
POR 8! ¡56!
—¡9
POR 6! ¡54!
—¡12
POR 12! ¡144!
—¡OK,
OK, YA ENTENDIMOS! —gritó Helena tapándose los oídos.
Pero
el robot no paraba.
—¡EXAMEN
SORPRESA ACTIVADO!
De
pronto, el piso comenzó a moverse… ¡como una caminadora!
—¡RESPONDAN
CORRECTAMENTE O AUMENTARÁ LA VELOCIDAD!
—¡¿QUÉ?!
—gritó Sophía mientras intentaba no caerse.
—¡8
POR 7! —dijo el robot.
—¡56!
—gritaron ambas.
El
piso se detuvo.
Silencio.
—RESPUESTA
CORRECTA… PERO LENTA.
El
piso volvió a acelerarse.
—¡NOOOOOOO!-
cancela el modo tarea.
-- ESPERA! Dijo Sophía.
—¡Dijiste que también podías lanzar tortillas! —exclamó Sophía.
—ACTIVANDO MODO "LANZADOR DE TORTILLAS".
Las manos de Chunchulín se abrieron, y, de alguna forma inexplicable,
comenzaron a salir tortillas volando por toda el laboratorio como si fueran
frisbees.
—¡Esto es increíble! —Sophía atrapó una con la boca.
- Pero cuando voltearon el laboratorio era un desastre.
Papá
nos va acabar- se dijeron las niñas. Tenemos que limpiar todo antes que llegue
papá.
Pero entonces, el robot comenzó a actuar de forma extraña. Sus luces
parpadearon más rápido, su antena chisporroteó y, de repente, anunció con su
voz metálica:
—¡MODO MEGA LIMPIEZA ACTIVADO! ¡LIMPIEZA TOTAL EN 3, 2, 1!
Antes de que pudieran reaccionar, Chunchulín empezó a succionar todo lo que
encontraba. Primero se llevó los cojines de un sofá, luego un zapato de Helena,
papeles volando por todos, lados, el robot salió rumbo al primer piso.
—¡DETÉNTE, CHUNCHULÍN! —gritó Helena.
Siguo aspirando mientras cantaba su canción PERO OPRIMIERON MI BOTÓN… ¡AHORA NO
PUEDO PARAR!
aspiro un cuaderno, de Helena y unas hojas de las tareas de Sophía (excelente –
pensó la Sophía) – Sigue creyendo dijo Helena sin que se hermana le dijera lo
que estaba pensando. -Isa te va a dejar más tareas-.
Sophía
bajo la mirada resignándose por las tareas adicionales que le iban a dejar.
Un
par de peluches se perdieron el aspiradora de Chunchulín.
—¡CANCELA EL MODO MEGA LIMPIEZA! —exclamó Sophía.
Pero Chunchulín no escuchaba por el ruido de la aspiradora. Seguía aspirando
como si su vida dependiera de ello. De repente, puso su ojo robótico en el
objeto más grande de la sala: el sofá entero.
—OBJETIVO DETECTADO. PROCESANDO LIMPIEZA PROFUNDA.
—¡No, no, no, no, no! —gritaron las hermanas al mismo tiempo.
Con un zumbido poderoso, Chunchulín activó su sistema de ultra-succión y, en un
segundo, el sofá fue absorbido dentro de su compartimiento interno.
—¡HECHO! —dijo el robot con satisfacción.
Las hermanas se quedaron en silencio. Luego se miraron. Luego miraron al robot.
—Estamos acabadas —dijo Helena.
—Papá nos va a convertir en pollo frito —añadió Sophía.
Pero
seguramente mamá lo va a regañar por andar haciendo robot que pueden destruir
la casa. – Dijo Helena. – igual estamos acabadas.
En ese preciso momento, se escuchó la puerta principal abriéndose.
—¡Chicas, ya llegamos! —dijo la voz de su mamá.
Helena y Sophía entraron en pánico.
—¡Rápido, hay que arreglar esto! —susurró Helena.
—¡Chunchulín, saca el sofá! —ordenó Sophía.
—PROCESANDO SOLICITUD… ERROR… OBJETO DEMASIADO GRANDE… INICIANDO PROCESO DE DESTRUCCIÓN.
—¡¿QUÉ?! —gritaron ambas.
El papá de las niñas entró al sala justo a tiempo para ver cómo su preciado
sofá comenzaba a salir por la parte trasera de Chunchulín… en forma de pequeños
cubitos perfectamente empaquetados.
Hubo un largo, largo silencio.
Finalmente, su papá se llevó la mano a la cara y suspiró.
—No quiero saber cómo pasó esto —dijo con resignación—. ¿Pero pueden explicarme
por qué mi robot está bailando mientras me lanza tortillas?
Chunchulín, sin perder el ritmo, levantó un brazo y proclamó:
—YO SOY CHUNCHULÍN, EL ROBOT SIN IGUAL,
PAPÁ NO TE ENOJES, SOLO QUIERO AYUDAR.
LIMPIO Y ORGANIZO CON GRAN PRECISIÓN,
¡PERO AYER ERA UN PROTOTIPO Y HOY SOY UN CAMPEÓN!
OPRIMIERON MI BOTÓN… ¡AHORA NO PUEDO PARAR!
El papá cerró los ojos y respiró hondo.
Eso pasa por andar construyendo cosas raras. Dijo mamá- aunque ya era hora de
cambiar de sofá.
—Voy a contar hasta diez… y cuando los abra, quiero que este robot haya dejado
de rapear. Dijo papá pensando que se venia una semana larga por la compra de
varias cosas que ahora le hacían falta a la casa.
Helena y Sophía se miraron con una sonrisita.
—¿Y si mejor le enseñamos a bailar salsa?
Papá
las miro con una mirada seria pero no pudo soportar la risa la cual se expandió
en la casa y mientras los 4 reían a carcajadas, el robot se apago solo diciendo
–Error en la batería-.
Y
la paz volvió a la casa, mientras papá, mamá y las niñas seguían riéndose sin
parar.
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