domingo, 29 de marzo de 2026

Helena, Sophía y el sueño del unicornio


Era otra noche normal… o no tan normal.
Hacía un calor fuera de lo común cuando Alexa sonó:
—Hora de dormir.
Helena y Sophía empezaban su rutina nocturna, no sin antes armar un ligero safarrancho, como todas las noches. Pero no sabían que esa noche sería diferente… algo extraño estaba a punto de ocurrir.
No había monstruos bajo la cama.
No había ruidos misteriosos en el clóset.
No había tormentas ni sombras raras.
Solo hacía mucho calor…
Pero había algo mucho más peligroso.
—¡Vamos a escribir un cuento! —dijo Helena, con los ojos brillantes y una sonrisa de oreja a oreja.
Sophía, que ya estaba acomodándose con su manta y la almohada que había traído del cuarto de sus papás, abrió un ojo entre la incredulidad y la emoción.
—¿Un cuento… ahora? ¿Para dormir?
—¡Exacto! Aprovechemos que papá no está y hagamos uno nosotras —respondió Helena—. Si lo escribimos bien… ¡nos dará sueño!
—Aunque yo ya tengo —murmuró Sophía, sintiendo cómo la emoción le aceleraba un poco el corazón—. Oye… y al final se lo leemos a papá y mamá para que se duerman ellos.
Pero Helena ya estaba sentada con un cuaderno enorme, un lápiz y una sonrisa sospechosamente creativa.
—El cuento será de fantasía —anunció—. Con magia, dragones, castillos…
—Y comida —interrumpió Sophía—. Mucha comida.
—Está bien… pero primero necesitamos un personaje principal y un título.
Sophía levantó la mano con entusiasmo.
—Yo propongo un unicornio… que tenga hambre todo el tiempo. Y lo podemos llamar el unicornio de la barriga infinita.
Helena soltó una sonrisa cómplice y empezó a escribir:
“Había una vez un unicornio…”
—¡No! —interrumpió Sophía, olvidando por completo que tenía sueño—. No puede ser normal. ¿Qué tal… un unicornio con hipo?
Helena frunció el ceño.
—¿Con hipo?
—Sí. Cada vez que hace “hip”, aparece algo mágico.
Helena lo pensó un segundo… y sonrió.
—Eso es brillante.
Escribió rápidamente:
“Había una vez un unicornio con hipo mágico. Cada vez que hacía ‘hip’, aparecía algo inesperado.”
—¿Como qué? —preguntó Sophía, emocionada.
—Tú decides. Es tu personaje —dijo Helena mientras escribía sin parar.
Sophía pensó profundamente.
—Esto se está saliendo de control… —murmuró Helena.
De repente, se escuchó un pequeño sonido:
—Hip.
Ambas se quedaron quietas.
—¿Escuchaste eso? —susurró Helena.
—No fui yo… creo —respondió Sophía.
Silencio.
Y entonces…
¡POF!
En medio de la habitación apareció un pequeño unicornio que se acomodaba lentamente.
—Okeyyyy… —dijo Helena—. Esto… es nuevo.
Sophía sonrió.
—Creo que el cuento nos está escuchando.
—Esto es increíble —dijo Helena—. ¡Sigamos escribiendo!
Volvió al cuaderno, ahora mucho más emocionada.
—El unicornio vive en un castillo flotante…
—¡Hecho de gelatina! —agregó Sophía.
Helena escribió, y en la habitación comenzaron a aparecer, con cada “hip” del unicornio, los elementos del cuento.
Cuando vieron formarse el castillo de gelatina, se miraron preocupadas.
—¿Y si se derrite y ensucia todo el cuarto? —susurró Sophía.
—Las consecuencias serían graves… —respondió Helena.
Se miraron… y luego rieron con complicidad.
—Esperemos que no —dijeron al mismo tiempo.
—Y tiene un mejor amigo… —continuó Helena.
—Un dragón… pero que le tiene miedo al fuego —dijo Sophía, cada vez más emocionada.
—¿Cómo puede tener miedo al fuego si es un dragón? —preguntó Helena.
—Porque una vez se quemó haciendo tostadas —respondió Sophía con total seriedad.
Helena no pudo evitar reír.
—Eso es… muy específico.
En ese momento:
—Hip… ¡POF!
Apareció un pequeño dragón volando por toda la habitación. Jadeaba mientras intentaba mantenerse en el aire, con una barriga claramente producto de demasiadas tostadas.
—¡Oye! —Sophía se tiró de la risa al verlo.
—¡Funciona! ¡El cuento funciona! —dijeron ambas, emocionadas.
Helena empezó a reír también.
—Ok… este es oficialmente el mejor cuento del mundo.
Siguieron escribiendo más rápido.
“El unicornio con hipo mágico y su amigo el dragón que teme al fuego vivían en un castillo de gelatina, donde…”
—¡Donde los pollos con sombrero eran los guardias! —añadió Sophía.
—Esto se está saliendo de control —dijo Helena.
—Y necesitamos un villano —continuó Sophía.
Helena levantó la mirada.
Sophía pensó… mucho… demasiado.
Se hizo un silencio… aterrador.
Helena tomó la linterna, iluminó su cara como en una historia de miedo y dijo:
—Un… ¡zapato gigante malvado!
—Eso es raro, Helena —dijo Sophía.
—Por eso es fantasía —respondió ella, mientras escribía.
“Un zapato gigante malvado quería robar la magia del unicornio…”
—Hip… ¡POF!
Apareció un zapato enorme en la esquina del cuarto.
Ambas niñas lo miraron.
El zapato… también parecía mirarlas.
—No me gusta —dijo Helena.
—A mí tampoco —susurró Sophía.
El zapato dio un pequeño salto.
—Ok, definitivamente no me gusta —añadió Helena.
—¡Sigue escribiendo! —dijo Sophía—. ¡Tenemos que terminar el cuento!
Helena escribió rápidamente:
“El unicornio decidió usar su hipo mágico para salvar el reino…”
—¡Y hacer desaparecer al zapato! —añadió Sophía.Helena, Sophía y el sueño del unicornio
—Hip… ¡POF!
El zapato desapareció.
Silencio.
Ambas respiraron aliviadas.
—Escribamos el final —dijo Sophía, bostezando.
Helena asintió. Sus ojos también comenzaban a cerrarse.
Escribió lentamente:
“Después de una gran aventura, el unicornio aprendió a controlar su hipo…”
—Eso es importante —murmuró Sophía.
“Y todos en el castillo de gelatina vivieron felices…”
—Y con comida —añadió Sophía.
“Y con mucha comida deliciosa.”
Sophía sonrió, satisfecha.
—Ahora sí.
—Falta algo —dijo Helena con voz suave.
—¿Qué?
Helena escribió la última línea:
“Y mientras el reino dormía tranquilo… Helena y Sophía también se quedaron profundamente dormidas.”
Ambas se miraron.
—Eso fue lindo —dijo Sophía.
—Sí —respondió Helena.
En ese momento:
—Hip… ¡POF!
Aparecieron dos mantas suaves que se acomodaron solas sobre ellas.
—Ok… eso sí me gusta —susurró Sophía.
El pequeño unicornio se acercó a las hermanas, hizo una reverencia y, con un último “hip”… desapareció, llevándose consigo al dragón, los pollos con sombrero y el castillo de gelatina.
El cuarto volvió a la calma. Todo estaba como antes.
Helena cerró el cuaderno.
—Mañana lo leemos otra vez —dijo, medio dormida.
—Sí… pero sin el zapato —murmuró Sophía.
—Definitivamente sin el zapato…
Y así, entre risas suaves, magia absurda y un cuento que parecía escribirse solo…
Helena y Sophía se quedaron dormidas.
Y, quién sabe…
tal vez en sus sueños, el unicornio todavía tenía un poco de hipo.
 
Epílogo
Al despertar, el pequeño unicornio miró por la ventana… pensativo.
—Qué sueño tan extraño —murmuró.
Y justo en ese momento…
—Hip.




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