"La Fiesta de los Monstruos Encantados"
Por Hajime Urbiña
Era una noche de octubre, con la luna llena colgando en el cielo iluminaba la venta del cuarto, cuando Helena y Sophía, dos hermanas muy curiosas, decidieron investigar un rumor que había circulado valle de Tacuría. Se decía que, en el bosque, justo a la medianoche, había una fiesta secreta a la que solo asistían… ¡monstruos disfrazados!
Con esa mirada de complicidad entre ambas hermanas -- corrieron hasta el closet de los disfraces, buscaron sus mejores vestidos y así con unas capas negras, varitas, vestidos de lentejuelas, unas bolsas para dulces como calderos y un par de linternas. nuestras intrépidas aventureras se escabulleron en silencio. Las acompañaba Paco, su mejor amigo un títere e en forma de hámster, con su peinado excéntrico que las acompañaba en todas sus aventuras. Las tres caminaban en puntillas, susurrando y riendo, mientras cruzaban el borde del bosque, donde los árboles parecían formar un túnel oscuro y misterioso.
Avanzaban en puntillas, susurrando y riendo intentando no hacer demasiado ruido, pero la emoción por la aventura las embriagaba. a medida que se internaban más por el bosque de Tacuría, las linternas comenzaron a parpadear, y el aire se llenó de una neblina azulada que olía a chocolates y masmelos. -- se detuvieron olfatearon el ambiente -- Estamos cerca - dijo Sophie mirando a Paco y luego a Helena buscando una respuesta afirmativa- Creo q si respondió Helena. De repente la neblina se empezó a disipar y frente a ellas, un cartel de madera iluminado por luces fantasmales apareció de la nada:
¡Gran Fiesta de los Monstruos Encantados!
Disfraces Obligatorios."
—¿Disfraces? —dijo Helena, mirando su capa negra y sacudiendo su varita, y de pronto, ¡puf- pam! creyendo que no pasara nada, pero de repente… Paco con un traje de esmoquin, pero aun con su peinado excéntrico. -- Hizo una reverencia -- Bienvenidas a la Gran fiesta de los Monstruos.
Ambas quedaron asombradas al escuchar a Paco hablar-- aun sin poder responder -- Este continuo, les daré un tour por la sala.
Las hermanas avanzaron, sin prestar mucha atención a Paco, quien le decía a la derecha encontrar los perros calientes, en esta otra mesa la máquina de chocolates y fuente de fresas con chocolate, ya que cuando ingresaron a la gran sala donde la fiesta ya estaba en pleno apogeo, decenas de monstruos de todas formas y tamaños estaban allí. Había momias enredadas en tiras de papel de colores, esqueletos que bailaban a ritmo de una música invisible y vampiros con gafas de sol que bebían jugo de grosella en copas de cristal. Unas brujas pasaban a su lado riéndose, montadas en escobas hechas de ramas que chisporroteaban con pequeñas luces.
Las chicas se miraron con asombro y alegría. Era un mundo diferente, uno que solo se revelaba a aquellos que creían en la magia. Helena y Sophie estaban fascinadas con todo lo que veían, pero siempre dispuesta a explorar, Paco les acerco una manzana caramelizada y las devoraron tan rápido para poder seguir probando el resto de las comidas, mientras caminaban con naturalidad dentro de la sala llena de monstruos.
—¡Miren! —exclamó Sophie, señalando una mesa al fondo, donde un hombre lobo peludo y robusto estaba sirviendo un enorme pastel de chocolate.
—¡Que no te muerda! —bromeó Helena, empujándola hacia adelante, -- vamos también quiero un poco de eso -.
Sophie se acercó cautelosamente al hombre lobo. Él le sonrió mostrando sus colmillos y le ofreció un pedazo de pastel. Sophía lo aceptó, y, con un mordisco, el pastel explotó en su boca en pequeños destellos de fuegos artificiales.
Mientras tanto, Helena exploraba una tienda cercana donde unos zombis organizaban una especie de bazar mágico. Había pociones de todos los colores y otros que no podía describir, libros de hechizos encuadernados en cuero antiguo y una máscara de calavera que, al ponérsela, te hacía hablar en rima. Helena intentó una, y de repente, cada frase que decía rimaba.
“Entre zombis y pociones de olor singular, descubrí un hechizo que me hizo rimar. Con esta calavera que habla sin parar, ¡cada palabra se vuelve un verso sin igual!”
—¿Qué más podemos ver en esta fiesta sin igual? ¿O será que ya hemos visto todo el festival? —dijo Helena, sorprendida por su propia voz.
Pero justo cuando empezaban a sentirse en casa, las chicas notaron algo extraño: los monstruos comenzaron a mirarlas con curiosidad. Algunos susurraban entre ellos, y uno, una especie de gnomo con orejas puntiagudas y sonrisa astuta, se acercó y dijo:
—Oh, creo que alguien se olvidó de una cosa importante… ¿sabían ustedes que esta es una fiesta para monstruos?
Las chicas y Paco intercambiaron miradas.
—Bueno, somos brujas, guerreras y un Hámster mágicos, ¿no? —replicaron Helena y Sophía al unisonó, intentando sonar despreocupada.
—Oh, pero esos son disfraces —respondió el gnomo, sacudiendo el dedo—. La fiesta es solo para monstruos reales. Sin embargo… si de verdad quieren quedarse, tal vez puedan intentar un hechizo de transformación.
Emocionadas, las chicas aceptaron el desafío. El gnomo las condujo hacia el centro de la fiesta, donde había un enorme caldero burbujeante, lleno de una sustancia púrpura y espumosa, un poco pegajosa. Junto al caldero había una anciana bruja con una nariz tan torcida que parecía una zanahoria. La bruja levantó su varita y susurró algo que no pudieron entender y de repente el caldero comenzó a brillar intensamente.
—Deben tomar un sorbo —dijo la bruja con una sonrisa maliciosa—, y la poción les mostrará qué tipo de monstruo pueden ser.
Sin dudarlo, Helena y Sophie tomaron turnos para beber. Apenas una gota de la poción tocó sus labios, sintieron un cosquilleo por todo el cuerpo.
—¡Miau! —gritó Helena, sorprendida al darse cuenta de que ahora era una especie de gato grande y peludo, con garras brillantes y una cola que se movía con gracia.
Sophie se convirtió con ojos que brillaban en la oscuridad de color purpura, orejas puntiagudas, un vestido blanco con chaqueta negra deslumbrante que hacían un suave ruido al moverse y un cabello morado largo.
Los monstruos aplaudieron encantados, y la fiesta continuó. Las dos hermanas y Paco bailaron, comieron dulces encantados y participaron en juegos donde los esqueletos lanzaban sus propios huesos como si fueran frisbees. En un momento, Helena se encontró hablando con una calabaza que se quejaba de haber sido mal decorada, y Paco intercambiaba bromas con un troll de aspecto tierno.
Las hermanas se inscribieron en un concurso de adivinanzas.
Quedando en la final con la gran esfinge. Quien tenía mucho tiempo invicto, nadie le había ganado.
Vuelo en la noche sin motor ni alas, me cuelgo del techo y nunca uso sandalias. No soy ave, ni tampoco avión, pero en Halloween soy toda una sensación. ¿Quién soy? ... las Hermanas se miraron algo pensativas…. pero Sophie grito ---- El murciélago.
la siguiente adivinanza, Tengo sombrero, escoba y poción, preparo hechizos con gran devoción. Si me ves reír, mejor corre ya, que mi risa puede hacerte flotar. ¿Quién soy? ... esta pensó un poco más, pero con una sonrisa Helena dijo una -bruja-.
La última adivinanza. Empezó la esfinge aclarándose un poco la garganta, hubo un silencio incomodo, y con su voz gutural empezó la a decir no tengo cuerpo, pero sí emoción, me escondo en rincones con gran discreción. Si me llamas, tal vez aparezca, pero cuidado… ¡que mi risa estremezca! ¿Quién soy? ... el Silencio de la sala pareció volverse más profundo, las hermanas quedaron congeladas por un instante, sin tener ideas. pensaron hasta cual el reloj con el tiempo permitido se empezó agotar, justo en ese momento una sola idea paso la mente de ambas, ojos como platos, sonrisa de complicidad ambas gritaron al unisonó - un fantasma-.
Con esta última respuesta un bullicio se alzó en la sala, todos los monstruos gritaron de alergia. Paco empezó a tocar el tambor tan duro y ritmo de una melodía alegre que puso a bailar festejando la victoria de las hermanas.
Así entre bailes, juegos y chistes las horas pasaron en un parpadeo, y antes de que se dieran cuenta, el cielo comenzaba a clarear. Al primer rayo de sol, los monstruos empezaron a desvanecerse uno por uno, dejando el claro en silencio, Paco el pequeño títere que las acompaña en su aventura estaba en el centro de la sala inanimado, pero con la sonrisa que siempre lo caracteriza junto con peinado excéntrico. Las dos amigas se miraron, y aunque estaban agotadas, tenían una sonrisa que reflejaba lo mágico de esa noche.
Con un último destello de magia, las hermanas regresaron a sus formas humanas, pero sus disfraces ahora parecían más brillantes, como si conservaran algo de la energía de la fiesta. De regreso en casa, Helena y Sophie se prometieron que volverían el próximo año, sabiendo que habían encontrado un mundo secreto al que siempre podrían regresar.
Y así, las hermanas regresan al bosque, recordando aquella primera fiesta con los monstruos encantados, una noche mágica que se grabó en sus corazones para siempre.
Claro nunca sin olvidar a su fiel amigo y cómplice de aventura Paco.
Fin💫
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